domingo, 21 de diciembre de 2014

La vida es una noria

Una vez alguien me dijo que la vida es como una noria. Unas veces subes, otras bajas, unas veces vas rápido, otras te paras, unas veces te mareas y otras parece que vuelas. Pero lo verdaderamente importante no es la duración del viaje, el coste o lo que suceda en el. Lo que realmente importa es con quien compartes esas idas y avenidas, con quien te subirías en esa minúscula cabina, sin apenas protección, sabiendo que una vez que entren en tu corazón, al menos el recuerdo siempre perdurará. Y me da igual la velocidad, me da igual el riesgo, todo lo que quiero es que alguien sea lo suficientemente fuerte para romper las cadenas con las que he cerrado el corazón, alguien suficientemente inteligente para comprender como funciona el alma, la mente y el corazón, alguien suficientemente valiente para arriesgarse a entrar dentro de una atracción que en cualquier momento puede atascarse y dejarte en la cima sin ninguna otra acción que saltar al vacío o congelarte de frío.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Te echo de menos

En esta noche estrellada, miro al cielo y me acuerdo de tu mirada. Ha pasado mucho tiempo desde que te has ido, mucho tiempo sin escuchar tu voz, tu risa. Por estas fechas me dijeron que un ser maligno habitaba en tu cuerpo. Un ser que parece invencible, que nace en tu interior y a veces acaba contigo parándote el corazón. Hablo del antagonista de muchas historias, se hace llamar cáncer pero yo lo llamo mi tormento. Las navidades siempre han sido para mi muy especiales, sin embargo desde aquel año comenzaron a perder significado. Fue un 15 de febrero cuando te fuiste y no volviste. Fue un martes cuando te perdí sin tener la oportunidad de decirte lo mucho que siempre te iba a querer. Fuiste tu, abuela, el motivo de muchas sonrisas a lo largo de mi vida, y el motivo de muchas lágrimas desde que te has ido. Fuiste y serás siempre alguien muy importante, alguien especial. Me hubiese gustado haber tenido valor para decirte todo esto cuando aun estabas frente a mi, con esa dulce sonrisa, con esa profunda mirada, con esa gran sabiduría, con esa alma de ángel en el cuerpo de una diosa. Porque si, soy atea, pero mi diosa siempre serás tu. Porque no creo en un cielo, pero creo que estás en algún lugar sonriendo como solías, y esperando para volvernos a reencontrar. Porque creer o no es muy complicado, pero creo en ti, creo que nunca te has llegado a ir. Permaneces en mi recuerdo, en los mios y en el de muchos, permaneces en mi corazón, permaneces en todos los que te hemos querido y te queremos pese a la distancia que nos separó sin dejarnos opción. Espero que desde donde tu estés puedas leer estas letras, que simplemente quieren expresar lo mucho que te quiero, lo mucho que te echo de menos. 
Gracias por enseñarme, por aguantarme, por apoyarme, por quererme... Gracias por existir.