Silencio. Es todo lo que me queda. Ese frío y ensordecedor silencio. No hay palabras, no hay risas, no hay llantos. Solo un vacío infinito que ocupa cada rincón de mi mente. Lucho por permanecer cuerda, lucho por seguir despierta. Espero una palabra de alguien que me entienda. Pero nunca llega. Hace algún tiempo, abracé el silencio y empecé a formar parte de él. Abandoné las palabras hacia aquellos que solo escuchaban sin entender. Me enfadé. Creí que volviéndome yo muda, ellos y ellas volverían a oír. No fue así. Ante la derrota, continué y expresé con fuerza todo mi tormento, grité no con la boca si no desde dentro. Y aquí estoy de nuevo, muda ante el silencio. Esta vez no es mío. Esta vez es nuestro.