Las palabras tienen la suficiente fuerza como para herir o sanar. Y aún así, existe gente que no piensa en cuales son las consecuencias que puede acarrear abrir la boca sin empatizar.
Estoy cansada de derramar lágrimas que nunca tendrían que haber inundado mis ojos. Estoy cansada de luchar contra cada una de las inseguridades que me han creado personas desconocidas y, tristemente, también cercanas. Estoy cansada de tratar de recomponer cada uno de mis pedazos rotos.
Y en ese proceso en el que te hieren, tras ver tu reacción, se excusan en la honestidad cuando la realidad es que no es más que el egoísmo del que no quiere reconocer su error.
No gastes más saliva en mi si tu aportación no va más allá de un análisis de tu verdad.