Para alguien que siempre encontró refugio en las palabras, esta vez parece que se me quedan escasas.
Ponerme aquí y ahora a escribir significa mucho más que coger el móvil y dejar que lo que llevo dentro comience a fluir. Significa reconocer que en el muro que se fue forjando para protegerme ha aparecido la primera grieta. Y todos sabemos que cuando esto ocurre, solo es cuestión de tiempo que se derrumbe del todo, dejándome a corazón abierto, vulnerable, expectante... Esperando que esta vez no acabe con más heridas, esperando hacer desaparecer cicatrices que aún escuecen cuando recuerdas momentos que simulan ya formar parte de otras vidas, pero siguen en ti.
Pero hoy, aquí, ahora, sabes que ya no hay vuelta atrás y que lo que quieres es dejar que el muro desaparezca de un vez por todas. Volver a latir. Volver a sentir. Porque gracias a él, has vuelto a creer en la posibilidad de ese final feliz. Sin príncipes o princesas, esta vez con dos personas completas que deciden pintar de colores los días grises y disfrutar juntos del brillo del arcoíris.