Todo el mundo
necesita inspiración, camino entre los demás mortales buscando ese algo que me
haga sentir, que me haga escribir. El amor, el dolor… sentimientos que llenan
mi alma, y las palabras florecen sin necesidad de buscarlas. Sin embargo, las
noches frías de invierno llegaron y ya no siento ese calor, ya no siento ni
furia, ni dolor, y tampoco amor. No hay nada que haga que el vello de mi piel
se erice, no hay nada que me haga sonreír en medio de la noche, no hay nada que
me haga gritar por dentro mientras las lágrimas muestran mi tormento. Dos
sentimientos opuestos, el bien y el mal. Uno es tan buscado y otro tan temido.
Todos queremos sentir el cosquilleo de estar enamorado, nadie quiere sentir el
dolor porque éste se haya terminado. Sentir… si, algo innato e inevitable, algo
que hace que estemos vivos, algo que te da motivos. Sin embargo, los
sentimientos vuelan libres, jactándose
de no poder ser capturados, de no poder ser controlados. Nadie tiene el
poder de escoger. La soledad, la culpa, el amor, el dolor, la alegría, la
tristeza… libres seres como el viento que necesitan un cuerpo donde hallar
cobijo y tiempo. En estas noches de silencio los recuerdos vuelven creando
desconcierto. Muchas caras, muchas miradas, muchos momentos que revivir. Y
entonces cojo ese viejo cuaderno, dispuesta a escribir todo lo que llevo
dentro, pero la verdad me atraviesa como una espada. Estoy muerta, no puedo
sentir nada nuevo, me he quedado atrapada en el pasado, buscando desesperada
ese sentimiento que me has arrebatado. Y vuelvo a escribir la misma historia
una y otra vez, acuchillada con mis propias letras me voy desangrando hasta que
la luz se apaga y entonces ya no puedo sentir nada. Todo ha desaparecido, lo
que me hacía humana se ha desvanecido, aquellos sentimientos que habitaban en
mi cuerpo, se han ido buscando en los vivos la fuerza que se necesita para
hacer frente a eses huéspedes. La muerte disfrazada ha llamado a mi puerta y
yo, inocente, le he dejado entrar en mi corazón, haciendo que lo que antes era
rojo pasión, se tiñese de un negro mas oscuro que el carbón. Todos sabemos lo
difícil que es quitar esa gran mancha que marchita tu alma oprimiéndola, quitándole
todo el sentido a tu vida. Sin embargo en medio de esta temible tormenta, nace
una alianza, mente, corazón y alma. Por separado son de fácil destrucción, pero
cuando se juntan ni el cañón más potente es capaz de atravesar su escudo. Y es
ahí, en ese preciso momento, en el que comprendes, cuando eres consciente. “La
conciencia es tu primer peldaño, comprender y conocer tu daño, enfrentarte a lo
mas profundo de ti mismo. Encuentra el mal en tu subconsciente y derríbalo para
siempre. Es un exorcismo, que te alejará del abismo.” Tu eres tu mayor enemigo.
Has descendido al infierno aun estando vivo. Pero es el momento despertar, de
seguir adelante, de vivir, de luchar, “Solo los que
han descendido hacia la oscuridad, solo los que han luchado contra la muerte y
la soledad, solo los que han atravesado las grandes aguas de su mierda y su
tormento, solo ellos, serán dignos de ver la luz que llevan dentro.”
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