Lo sabía, sabía que llegaría el día en que el que una sola sonrisa fuese mi aire para subsistir. Sabía que no podía huir eternamente de cupido, esquivar sus flechas y no sentir. Sabía que dolería, que esto era así. Una de cal y otra de arena, te llenas de ilusiones y al rato encuentras un motivo para dejar de sonreír. Porque esto es así, vives en un continuo vaivén de sentimientos que florecen en ti. Amor, celos, felicidad, impaciencia... Se agitan haciendo que cada molécula de tu cuerpo se agote intentando vivir. Tu corazón está atravesado por la flecha del amor. En tu cabeza una batalla empieza entre las dudas y la ilusión. Y tu, mas perdida que una brújula sin polos buscas la manera de hallar el camino que te haga subir. Subir bien alto, rozando el cielo con las manos, sintiendo que vuelas cuando el aire te rodea en sus brazos. Porque enamorarse es así, una lucha dentro de ti. Porque nos intentamos resistir, resistir al hecho de que aún sin llegar al comienzo haya un fin.
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