Ya no recuerdo cómo utilizar esas metáforas en las que me ocultaba. Ahora mis palabras quieren permanecer calladas. Se aferran a la punta de mi lengua y, aunque no dejan de resonar una y otra vez en mi cabeza, mi boca sigue quieta.
“¿De que tienes miedo?” - me pregunto. - Quizás sea como cuando dices tu deseo en voz alta y tienes miedo de que no se haga realidad. Y permaneces callada, repitiéndolo una y otra vez en tu mente. Cerrando tus ojos bien fuerte, esperando que al abrirlos el cielo te envie un guiño como diciendo: “Te he escuchado y lo conseguirás.”
Y así estoy yo ahora, esperando esa señal que me diga que, aunque lo grite a los cuatro vientos, esto se hará realidad.
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