Hoy volví de madrugada a casa después de una noche de fiesta. ¿Lo normal, no? Sin embargo, por el simple hecho de ser mujer, atravesar las puertas de tu casa sana y salva tras una noche de fiesta se ha convertido en algo que no podemos dar por sentado. Y eso me da pena pero sobretodo me enfada. No entiendo por qué yo tengo que estar siempre en alerta, sospechando de todos aquellos con los que me cruzo por la calle, o del taxista que me lleva a casa. No entiendo por qué me tengo que despedir siempre de mis amigas diciéndoles “avísame cuando llegues a casa” en vez de un simple “hasta mañana”. No entiendo por qué debo apretar los puños y apurar el paso cada vez que algún imbécil me dice algo por la calle, porque si contesto pueden ser mis últimas palabras. No entiendo por qué sigue pasando esto. Y que se siga diciendo que la solución es ir siempre acompañada, bien tapadita y si eso mejor quédate en casita y así ya no te pasa nada. Porque por si fuese poco, nunca serás la víctima, si no la culpable de tu propia desgracia.
Ojalá en 365 días podamos decir que este 2018 todas volvimos a casa sin miedo.
D.E.P. Diana Quer
No hay comentarios:
Publicar un comentario