Cuando cierro los ojos veo con claridad lo que quiero, sin embargo al abrirlos todo desaparece convirtiéndose en un mero deseo.
La constante sensación de pérdida, de no avanzar, de luchar cada instante y descubrir que, en la batalla real, el papel principal lo tiene la suerte.
La constante sensación de pérdida, de no avanzar, de luchar cada instante y descubrir que, en la batalla real, el papel principal lo tiene la suerte.
La impotencia, el golpe de realidad, darte cuenta de que la vida no es justa, y que por mucho que pelees, no siempre vas a ganar.
La decepción, la tristeza, la envidia, la ira, el dolor, porque aún no siendo cierto, a tu alrededor no ves fallos, sino aciertos. Y sientes que el fracaso es solo tuyo, pese a que nunca eres realmente el único.
Mientras, en tu mente, donde antes había esperanzas, ahora empieza a crecer el miedo. Pero, pese a todo esto, no te rindes, no eres dueña de tu futuro, pero si de tu presente.
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