lunes, 5 de enero de 2015

Besos Prohibidos

Besos con la mirada, de esos que llegan hasta tus huesos, alterando tus sentidos, haciendo que cada gota de tus venas se detenga porque el corazón ya no bombea. Un corazón que era inalterable, un corazón que tras el último golpe creó semejante escudo que ni la bala más fuerte conseguía atravesar. Un oscuro deseo nació en sus entrañas, sentir sus labios, acariciar cada centímetro de su cuerpo, saborear cada milímetro al compás de la música que bombardeaba sus oídos. Un minuto, tan solo un minuto había pasado desde que sus palabras habían invadido su mente. Nunca antes le había mirado con esos ojos, con unos ojos que ahora no podían cerrarse ante al asombro. Él la miraba esperando respuesta pero sus labios estaban sellados. Apenas se movía, apenas respiraba. En su mente se libraba una batalla entre el deber y el placer. Ella quería pero no podía. No podía sucumbir a la tentación, no podía entrar en el laberinto del amor. Ya no. Dio un paso atrás y chocó con la pared, entonces él se levantó y se acercó a ella. Sus ojos se encontraron y ya no fue capaz de controlarlo, la respiración se le aceleró, sus mejillas se encendieron del mismo color que la pasión, la sangre golpeaba con fuerza cada célula de su cuerpo ahora incontrolable. Su corazón acelerado bailaba en su pecho junto con la diosa interior que emergía destruyendo todo temor. Entonces todo se magnificó, sus labios se enlazaron y el juego empezó. Un beso, un mordisco, un empujón, gemidos entrecortados salían de su voz, no había nada más a su alrededor, solo ellos dos. 

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