A cincuenta por una autopista sin salidas. Viajas lento pero sin detenerte ni un segundo, no pierdes el tiempo.
Tus palabras, mi gasolina. Me das fuerza, me das vida.
Y aunque yo soy más de acelerar y quemar rueda... Comienzo a bajar mi velocidad para que, en algún momento del trayecto, me puedas alcanzar.
Quizás, pese a no compartir el punto de partida, juntos construyamos un destino en el que disfrutar. Sin correr. Sin temer a que, al final de la carretera, encontremos nuestro trágico final.
Me perdí en su mirada,
ResponderEliminares que el color de sus ojos me encantaban
no eran azules, ni verdes, eran color café.
Café que quita el sueño.
Café que produce desvelos…
Increible, una vez mas
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