Odio la sensación de tener miedo a perder a alguien. Odio esa voz en mi cabeza que me repite que se marchará tal como llegó, sin avisar. Odio los nervios que recorren mi cuerpo cada vez que miro el móvil esperando un mensaje que no llega. Odio sentirme tan frágil, tan pequeña, tan absurda. Cada latido de mi corazón golpea con más fuerza cada minuto que pasa. Mi cabeza da vueltas entre tanta discusión. Una parte de mi confía en ti, la otra se limita a repetir que la misma historia de siempre volverá a ocurrir. Ya no sé qué hacer, qué pensar.
Es absurdo, sé que mañana volverás. Sin embargo, hoy me persiguen mis miedos y en la oscuridad, mi corazón, vuelve a temblar.
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