jueves, 15 de enero de 2015

Polos opuestos

Era su mirada, su mirada como una brisa helada, se acercaba el invierno cuando sus ojos te tocaban. Todo tu cuerpo se paralizaba, entrabas en un estado de hipotermia en el que cada músculo de tu cuerpo ansiaba calor. Su calor. Entonces él se acercaba despacio, susurrando viejas canciones de amor, llamándote con su voz. Y finalmente sus labios acariciaban cada célula de los tuyos, que en un segundo pasaban del frío extremo al calor mas intenso. Tus manos, antes inamovibles, ahora acariciaban su suave y oscuro pelo de forma descontrolada. Las suyas hacían movimientos vertiginosos en tu espalda, bajando a tu cintura y aterrizando debajo de tu falda. El frío, el calor, una mezcla que desataba la pasión. Entonces oías esa preciosa canción, esa que sonaba cada vez que os fusionabais y dejabais de ser dos. Esa que hacía que desapareciera el exterior, quedando solos bajo la mirada intensa de miles de estrellas que hacían su mágica aparición. Y en ese instante sientes que sois infinitos. No hay nada que pueda hacerte bajar de cielo porque cuando estás con él vuelas. Porque caminas sobre las nubes a su lado. Porque el mismo sol te ha enamorado.

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