He derramado mas lágrimas que gotas caídas un invierno en Santiago, he llorado de rabia, tristeza y también alegría. Sin embargo los peores momentos eran aquellos instantes donde solo quedaba el silencio, el recuerdo de una risa lejana. Donde las sonrisas ya estaban olvidadas y los ojos no podían ni derramar una lágrima, porque ya no quedaban, porque no se desahogaban, es mas, se ahogaban.
Y mientras mi mente recordaba como era mi vida antes de que todo cambiara, de que yo cambiara. Antes de que mis ojos se secaran, antes de que mi risa se apagara, antes de que mi corazón se convirtiese en un montón de pedazos sin punto de unión. Antes de que mi vida se conviertiera en este caos sin control.
Aún recuerdo lo que era respirar, mirar al cielo y verlo brillar. Recuerdo lo que era la ilusión, la esperanza de que poco a poco todo iría a mejor. Pero entonces desapareció mi Peter Pan, crecí de golpe y toda la magia que me hacía volar se convirtió en la criptonita que me consiguió derrumbar.
"La palabra, la gran batalla de tu alma, entre tu oscuridad mas densa y tu luz mas intensa, vivir es expresar lo que sientes, lo que piensas." Verbo
jueves, 28 de mayo de 2015
Lágrimas perdidas
martes, 19 de mayo de 2015
Una lágrima
"Después de un invierno malo y una mala primavera, dime por que estás buscando una lágrima en la arena..."
Como explicar que estoy buscando una lágrima de felicidad, algo que consiga hacerme recordar que después de un día malo todo puede mejorar. Olvidar todos mis miedos y mis ganas de abandonar, abrir los ojos y descubrir que ya no hay oscuridad.
Es que ya no puedo dejar de imaginar lo sencillo que sería no volver a sentirme mal, ser de esos que cantan a pleno pulmón desde la barra del bar: "Cualquier excusa, una chorrada, es buena para brindar soltar en una carcajada todo el aire y después respirar". Y mientras la música invade el local, se sueltan el pelo y todos comienzan a bailar. Por eso yo los envidio, a esos que consiguen volar con los pies en el suelo, a esos que sonríen y te llevan al cielo. Aquellos que son un mar de positividad, aquellos que tienen aún fuerzas para luchar.
Yo creo que nunca formé parte de ese mundo, me conformaba con cantar y bailar desde algún sitio donde no me pudiesen encontrar. Me conformaba con de vez en cuando tener golpes de claridad, con luchar un poco y abandonar por eso de que una retirada a tiempo es una victoria. Y así me gané mi sitio entre los cobardes, entre los que se sientan a esperar y te sermonean con lo de que "mas vale malo conocido que bueno por conocer" o "mas vale pájaro en mano que cientos volando". Y así pasamos la vida, conformándonos, llorando tras cada caída y volviendo a tropezar en el mismo lugar porque nos negamos avanzar.