jueves, 21 de abril de 2022

Comienzos

Para alguien que siempre encontró refugio en las palabras, esta vez parece que se me quedan escasas.
Ponerme aquí y ahora a escribir significa mucho más que coger el móvil y dejar que lo que llevo dentro comience a fluir. Significa reconocer que en el muro que se fue forjando para protegerme ha aparecido la primera grieta. Y todos sabemos que cuando esto ocurre, solo es cuestión de tiempo que se derrumbe del todo, dejándome a corazón abierto, vulnerable, expectante... Esperando que esta vez no acabe con más heridas, esperando hacer desaparecer cicatrices que aún escuecen cuando recuerdas momentos que simulan ya formar parte de otras vidas, pero siguen en ti.
Pero hoy, aquí, ahora, sabes que ya no hay vuelta atrás y que lo que quieres es dejar que el muro desaparezca de un vez por todas. Volver a latir. Volver a sentir. Porque gracias a él, has vuelto a creer en la posibilidad de ese final feliz. Sin príncipes o princesas, esta vez con dos personas completas que deciden pintar de colores los días grises y disfrutar juntos del brillo del arcoíris. 


Despertar

Pensei que se conxelara, que deixara de ser capaz de sentir ese click. Pero por un segundo, todo volveu encaixar e de novo o latir comezouse a facer escoitar.
Pero con ese tic-tac tamén espertan os vellos medos, os 'todo acabará saíndo mal'. Esa alerta constante de que non eres suficiente, de que a ti nunca che vai funcionar. 'É demasiado ideal, algo sairá mal'. Porque iso é o que tras anos e anos de decepción acabaches por asimilar. Os expertos chámanlle indefensión aprendida... Eu coñecíao como o meu día a día. 

Quizais... Quizais esta vez algo cambiará. 'Non o creo, é moi cedo, seguro que se as alarmas soan é porque o perigo comézase a aproximar... Non o deixes entrar, non deixes que me rompa unha vez máis. Demasiadas feridas, demasiados traumas, de que che sirve volvelo a intentar?'

Supoño que a resposta é que ainda confio en ese pequeno raio de esperanza, supoño que quero poder crer que merezo que aínda que só sexa unha vez, alguen me vexa completamente e decida quedarse. Supoño que esa pequena posibilidade é máis forte que o medo a perder(me) de novo.

 

viernes, 8 de abril de 2022

Destrozos

Estaba rota, y ella sabía que esas heridas serían muy difíciles de sanar.
Vivía en un mundo que constantemente le recordaba que no encajaba, que no era suficiente (para los demás).
Mientras soportaba afilados cortes que se hundían en lo más profundo de su ser,  ella seguía recogiendo sus propios pedazos y recolocándolos con vendajes que pronto se volverían a desgarrar. Es por eso que su apariencia era frágil. 
Los demás la veían como un trapo roto lleno de remiedos que al más mínimo arañazo se resquebrajaba quedando aún más destrozado de lo que ya estaba, si eso era posible. Pero ella se había hecho resistente, se cosía sus heridas y aunque volviesen a abrirlas una y otra vez, conseguía detener la hemorrajia lo suficiente para seguir en pié. 
Donde los demás veían debilidad por romperse constantemente, ella, en realidad, era la viva imagen de la fortaleza porque, pese a todo, no conseguían acabar con ella. 
Pero su dolor era muy real, cada una de esas heridas representaba el sufrimiento que acumulaba tras años y años de guerras que ella nunca había iniciado pero siempre parecían encontrarla. Se había acostumbrado  a vivir en eterna batalla, hasta tal punto que ahora incluso cuando el exterior parecía estar en calma, la lucha la acompañaba siempre en su interior. Quizás por esto, ella misma se acabó identificando como su peor enemiga y probablemente, durante mucho tiempo, fue así. Pero ahora las cosas habían cambiado, ella había cambiado. Ya no sentía que el problema era ella, sabía que era más que suficiente, más que válida y que no merecía nada de lo que la había conseguido lastimar.
Aún así no había conseguido la calma, ahora veía el peligro en las personas más cercanas. Aquellas que en nombre de protegerla conseguían reabrir heridas que ella, con mucho esfuerzo, había conseguido proteger para comezar a cicatrizar y dejar aquel terrible dolor atrás. 
Y ahora volvía a escocer de nuevo cada milímetro de su cuerpo, volvía a ver como sus cimientos perdían estabilidad y comezaban a agrietarse dejándola, de nuevo, malherida, decaída y sola ante todo lo que la hacía vulnerable. 
Sin embargo, una vez más, esta alma rota volvió a levantarse y a reconstruírse, porque había comprendido que tan solo ella sería capaz de conseguir cambiar esas finas vendas que ahora la protegían por una gruesa armadura de diamante que nunca nadie volvería conseguir atravesar. 
Por primera vez si eligía luchar, por ella misma.